Luchacontra el capacitismo (Itxi Guerra)
(Resumen)
Sabernos vulnerables nos aproxima al otro, a la interdependencia. Esto supone romper con el sistema de salud que nos divide en sanos y enfermos.
Esto implica luchar por la diversidad sin caer en el ideal humano. Sin tomar como referencia aquel cuerpo perfecto, siempre fuerte y sano.
Un paso muy importante para tener en cuenta es aceptar que las personas discas no queremos dejar de ser discas, puesto que no hay nada de malo en nuestros cuerpos y mentes.
No dedicamos nuestra vida a luchar contra nuestros cuerpos, sino que nos aceptamos en nuestras debilidades, nos sabemos vulnerables y nos enorgullecemos de ello.
Asumir que las personas discapacitadas queremos dejar de serlo es un pensamiento autoritario y capacitista. Implica que existe una jerarquía de salud y de cuerpos/mentes donde en la cima están las personas no discapacitadas y todas aquellas que no alcancen este ideal deberán ir contra sí mismas para llegar a él.
Para finalizar, deberemos de acabar con la idea de "calidad de vida". Es una idea capitalista, que asume que hay vidas que son dignas de ser vividas y otras que no.
Son ideas basadas en una concepción de vida productiva, en la que se vive para trabajar y los cuerpos y mentes son meras herramientas al servicio del capitalismo.
Al hablar de discapacidad es inevitable hablar de capacitismo. Es una palabra que está empezando a sonar ahora de forma más recurrente dentro de los movimientos sociales, pero no se suele profundizar en su significado ni en lo que supone.
El capacitismo, es el sistema social, político y económico que discrimina a las personas discapacitadas por el hecho de serlo. Es un sistema en el que los cuerpos y mentes son valorados según un estándar de normalidad, inteligencia y excelencia.
Este valor es determinado a partir del capitalismo (y el Estado). Se crea la idea de una persona “perfecta”, es aquella que produce un beneficio económico máximo al sistema mediante su trabajo. Nuestro valor se mide en cuanto a nuestra utilidad hacia otras personas.
Toda aquella persona que se sale de esta idea por no poder trabajar o por supuestamente no poder hacerlo se la discrimina y discapacita, deja de considerarse “persona” y pierde todos sus derechos.
Por eso se dice que la discapacidad no existe, sino que es un constructo social, porque surge a través de la discriminación y el impedimento a las personas no normativas.
Una persona no nace discapacitada, sino que a través de su relación con el contexto y como este la limita se crea la discapacidad.
Algunas de las estrategias que utiliza este sistema para ejercer violencia son la la esterilización, el encarcelamiento o incluso el asesinato. Estas estrategias han evolucionado según ha evolucionado el sistema capitalista.
Surge de la necesidad del capitalismo de crear y fomentar la idea de cuerpo eficaz, que es capaz de producir un beneficio económico y social máximo. En la industrialización, lo que primaba era el cuerpo entendido como mano de obra.
La eficacia del cuerpo estaba ligada a unos estándares de salud marcados por la medicina, que buscaba la funcionalidad del cuerpo. Esta norma médica marcaba la eficacia esperable del cuerpo, uniendo la salud corporal a la productividad económica.
Con el capitalismo de consumo, la producción pasa a ser de consumidores, donde lo que prima es la publicidad, la imagen y los ideales estéticos. El éxito social, por tanto, está vinculado al físico, y el ascenso social se verá reflejado en cuan ajustado sea tu cuerpo al ideal estético, a la norma. (El hecho de que se evolucione a un capitalismo de consumo y cambie la violencia medica no implica que la idea anterior de la industrialización no siga presente, sino que coexisten.)
La medicina en el capitalismo de consumo se encargará de fomentar la salud ligada al ámbito estético, se considerará sano todo cuerpo que se asemeje a esta idea de belleza de consumo. Lleva a la medicina a normalizar cuerpos para lograr tanto salud como belleza, creando el ideal de cuerpos sanos-bellos-buenos-delgados. Se regularán los cuerpos para adecuarse a este estándar, legitimando lo no legítimo.
Esta regulación pasa muchas veces por quitarnos el control sobre nuestros cuerpos.
En mi caso, por ejemplo, con 3 o 4 años los médicos decidieron que para que yo caminase “mejor” (es decir, sin cojear y llevar el pie en punta, porque eso no resultaba estético) lo que debían hacer era cortarme el tendón de Aquiles. Lo que pretendían conseguir era quitarme el control sobre mi pie, que este cayese por el peso de la gravedad, y por tanto hiciese el juego de caminar normativo, pero sin yo tener el poder de decisión sobre mi propio cuerpo. Las personas discapacitadas nos hemos visto siempre reguladas y rehabilitadas por la medicina, con la idea de buscar una cura que nos acerque a la legitimidad corporal. Patologizando la discapacidad, e instaurando una lógica de sometimiento y jerarquización.
Pero desde nuevos planteamientos del anarquismo se están dando soluciones reales al capacitismo y está siendo uno de los movimientos que más involucrado está en cuanto a este tema.
Se plantea la destrucción del capacitismo como un objetivo claro y real. Resultan ser movimientos totalmente compatibles como hemos planteado en un principio, porque el anarquismo pretende la destrucción del trabajo asalariado y del Estado, que son los dos principales elementos que oprimen a las lisiadas.
El Estado es un factor de opresión puesto que es el que dictamina quienes son discas y quienes no, el que institucionaliza a las personas discas, el que decide quienes reciben ayudas, el que sustenta la educación especial y la segregación…
Usando la medicina como herramienta para fomentar la eugenesia a través del ideal de cuerpo sano y en forma como único cuerpo válido. Fomenta las esterilizaciones forzadas, los abortos coercitivos y los abortos de fetos discas…
Desde el anarquismo se plantea no solo la lucha contra este tipo de violencias que promueve el Estado, sino que también se propone la idea de colectivizar las tareas, los cuidados y la accesibilidad.
Existe una responsabilidad colectiva que permite que las necesidades de todo el mundo estén cubiertas. Una de las soluciones que se proponen son los círculos de apoyo. Son alianzas entre personas (normalmente dos personas no discas y una disca) que son amigas y se encargan de la accesibilidad que necesite la persona disca.
Es una relación de reciprocidad, en la que tanto personas discapacitadas como no discapacitadas se aportan mutuamente.
Es importante este matiz porque es lo que las diferencia con las asistentes personales (AP), puesto que la relación con une AP es siempre unidireccional.
El aspecto de querer acabar con el trabajo asalariado influye en el cambio que se tendrá a cerca de la concepción de valor y capacidad que se atribuye a las personas. Al acabar con la idea de trabajo no se considerará valida a aquella persona que produzca un mayor beneficio económico, sino que las personas por el hecho de ser personas serán consideradas válidas y forman parte de la sociedad.
Lo más importante, serán consideradas como sujetos políticos, y no meros observadores de la realidad.
Con la abolición del trabajo se acabará con la idea de utilidad. Las personas no deberán de ser útiles, sino que harán lo que puedan y quieran sin miedo a ser juzgadas y sin sentirse culpables por ello.
Algunas de las soluciones que se proponen desde el anarquismo para acabar con el capacitismo son:
• Dar un papel activo a las personas discas, que es algo que se ha intentado silenciar desde la sociedad capacitista mediante el encierro y el borrado histórico de las personas discas.
• Construir una idea anarquista y crítica de la discapacidad y la neurodivergencia, que nos permita despojarlas de todos los estigmas y estereotipos que actualmente acarrean.
• Un análisis del trabajo de les activistas e investigadores discas.
• Apoyo mutuo como base de la relación interpersonal
• Valorar el descanso y las siestas. Las siestas son revolucionarias, puesto que nos permiten descansar de toda la violencia que ejerce sobre nosotras el sistema.
• La deconstrucción de las personas no discas
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Glosario:
Able-passing: es un término que se utiliza en otras opresiones, como puede ser el “cis-passing” o el “anda pues no pareces bollera.” Estos actos suponen violencia y opresión para nosotras, puesto que estamos negándonos, ocultando lo que somos para someternos al sistema.
Apoyo mutuo: "Pero la sociedad, en la humanidad, de ningún modo se ha creado sobre el amor ni tampoco sobre la simpatía. Se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los seres humanos." (Kropotkin, 2017)
Asistentes personales: son personas trabajadoras que se encargan de ayudar a las personas discapacitada a realizar tareas de su día a día. Actualmente son consideradas como herramientas de la persona disca, es decir, se las deshumaniza por completo.
Casas de crisis: “son casas abiertas, de ingreso voluntario y habitadas por personas en riesgo de estar hospitalizadas, y que en muchos casos son incapaces de cuidar de sí mismas en ese momento.” Shirley McNicholas
Cuidados: aquellos trabajos no remunerados e invisibilizados por la sociedad que sostienen la vida, la salud (física y mental) y las redes afectivas y que suelen recaer en personas socializadas/leídas como mujeres.
Teoría de las cucharas: es una teoría vinculada a la discapacidad que plantea que las personas tenemos una energía limitada. Esta energía la representa en forma de cucharas y cada actividad que realicemos en nuestro día a día consumirá un número determinado de cucharas.
Personalmente critico esta teoría porque creo que tiene un respaldo en el capitalismo. Que nos determina como deben de ser nuestras vidas para ser consideradas validas y normativas.
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¿Qué lenguaje utilizamos?
El lenguaje estructura el pensamiento, y es un reflejo de la realidad social.
A la vez, nuestro uso del lenguaje nos permite modificar la realidad que habitamos.
Nombrando opresiones invisibilizadas somos capaces de poner en primer plano estas violencias que sufrimos, las dotamos de la importancia que tienen y nos sirve como una primera herramienta de deconstrucción.
A la hora de analizar las palabras que utilizamos al hablar del capacitismo nos encontramos varias. Las podemos dividir según el modelo que las crea o que las utiliza.
Por un lado, desde el modelo médico se utilizaría la palabra “minusvalía”, haciendo referencia al valor del cuerpo. Considera la valía de una persona según su nivel productivo a medida que este se aleje o acerque de la norma establecida.
Desde el modelo social predomina el uso de dos palabras, “diversidad funcional” y “discapacidad.”
Usar diversidad funcional es como hablar de personas en vez de hablar de mujeres en los estudios feministas. Y al hablar de funcional vuelve al modelo médico-rehabilitador.
Siguiendo con términos utilizados o creados desde el modelo social, tenemos la palabra discapacidad. Esta palabra despierta bastante controversia dentro del propio colectivo.
Por un lado, hay personas que afirman que el uso de esta palabra lo único que fomenta es una mayor discriminación.
Por otro lado, hay personas que preferimos el uso de “discapacidad” como forma de reapropiación del término.
Nos permite resignificarla y despojarla de todos aquellos atributos negativos que han sido establecidos por el sistema capacitista.
En cuanto a si usar “discapacitada” o “con discapacidad”, yo prefiero discapacitada/persona discapacitada, puesto que me permite reflejar que es la sociedad la que discapacita a la persona.
En cambio, al utilizar persona con discapacidad se culpa a la persona de su situación y se la patologiza, como si tuviese un catarro o la gripe. Se da a entender que es una enfermedad que se ha de curar.
Leonor Silvestri habla justo de esto, cómo al final la palabra discapacidad ha cogido tintes catastrofistas u ofensivos, pero sólo debería resultar ofensiva cuando ésta se usa como un insulto.
Si este tipo de palabras están integradas en nuestro vocabulario, pensar desde dónde las decimos, qué fin queremos lograr con ellas y si existe alguna palabra alternativa que nos permita poder sustituirla.
Al final, el lenguaje modifica a la sociedad al mismo tiempo que modifica nuestra mente y la concepción que tenemos de la realidad.
Para terminar con el lenguaje, pero saliéndonos de la forma en la que nos denominamos, tendríamos la forma en la que denominamos a las personas que no son discapacitadas. Cuando hablamos de otras opresiones como pueden ser el género o la sexualidad tenemos formas de denominar tanto a les opresores como a les oprimides.
Son categorías que nos definen dentro de un grupo o de otro, y se construyen desde la negación de la norma (les opresores.) Por ejemplo, en la categoría sexualidad (dentro de una sociedad y un sistema heteronormativo) lo establecido como normal es ser hetero, y a raíz de la negación de esta norma se construyen el resto de las orientaciones.
En la discapacidad pasa lo mismo, puesto que la discapacidad surge de la negación de un modelo de cuerpo y mente normativos, pero no existe una categoría que defina al grupo opresor.
Se considera que no ser disca es lo normal, por lo que en ningún momento se ha creado esa palabra, y por ello, las personas no discas no suelen replantearse ni analizar su posición ni su realidad. No se suele entender desde un prisma de la opresión sino desde la idea de enfermedad.
Tras mucho leer e investigar he decidido usar la palabra “no-disca” o “no-discapacitade” para definir al grupo opresor.
En inglés se usa “able” o “able-bodied”, que significa capaz/capacitade o cuerpo capaz, pero en castellano no hay ninguna palabra establecida.
Al fin y al cabo, las palabras y el lenguaje son herramientas que nos permiten definir la realidad y definirnos a nosotres mismes, por lo que deberíamos darle la importancia que tiene.
Ya no sólo por su poder de cambio, sino por el poder de cambio que tenemos nosotras mismas.
